←Todo el día en la universidad: Cuando los obstáculos en la formación nos roban tiempo

El día de Susana Maldonado, estudiante de la Licenciatura en Comunicación e Información de la UAA, comienza a las seis de la mañana. 

Su objetivo es llegar a tiempo a la universidad y cumplir con todos sus compromisos. Antes de entrar al primer salón de clases, debe enfrentarse a la primera dificultad del día: el transporte.

Primero realiza un traslado en automóvil de aproximadamente 15 a 20 minutos hasta la parada del camión. El tiempo depende de las condiciones del tráfico y, una vez ahí, debe esperar el transporte. Cuando el camión tarda más de lo previsto, sus primeros compromisos del día pueden verse afectados.  

A esto se suma un recorrido de alrededor de una hora hasta el campus universitario, también sujeto a las condiciones viales.

Antes de comenzar sus actividades, necesita invertir tiempo y organizar sus horarios para llegar a la institución. Pero incluso con una planificación previa, factores ajenos a su control pueden incrementar sus tiempos.  

En la universidad, comienzan sus actividades como becaria. Para conservar este apoyo, debe cumplir con 20 horas semanales, durante las cuales realiza tareas administrativas, como entregar documentos en las áreas que le indican dentro de toda la universidad, organizar carpetas y colaborar con las actividades que se requieran.

A cambio de este servicio se ve cubierta una parte de su colegiatura. Una suma que corresponde a la más cara en una institución pública en México.  

La estudiante continúa con sus materias optativas de ballet y estilismo. Aunque estas asignaturas son requisito de titulación, también responden a sus intereses personales.  

La elección de estas le permite desarrollarse en actividades que disfruta dentro de una jornada que, de otra manera, estaría marcada por la monotonía.  Sin embargo, Incluso estas requieren tiempo, energía y recursos.  

A las tres de la tarde comienzan sus clases de licenciatura, que se prolongan hasta las nueve de la noche. Durante seis horas, debe concentrarse en sus materias y cumplir con las actividades correspondientes a su formación profesional.   

En medio de esta agenda, la alimentación se convierte en un desafío. No todos los días puede comer a la misma hora y, en ocasiones, debe aprovechar los espacios disponibles entre una actividad y otra para alimentarse.

Esta situación refleja una de las dificultades de permanecer tanto tiempo en la universidad: no siempre es posible acomodar las necesidades personales dentro de una agenda llena de compromisos.

A las nueve de la noche concluyen sus clases. Para algunos estudiantes, este momento puede representar el final de su jornada académica; para ella, todavía falta el regreso a casa.  

Después de pasar el día en la universidad, debe realizar nuevamente el recorrido de vuelta. Entre el transporte, los tiempos de espera y las condiciones del tráfico, suele llegar a casa aproximadamente a las diez y media u once de la noche.   

Al llegar a casa, el cansancio acumulado se suma a sus pendientes. El tiempo para convivir con su familia, reunirse con amigos o dedicarse a actividades personales queda eclipsado por el horario. La dificultad no solo consiste en cumplir con cada compromiso, sino también en encontrar espacios para descansar y atender otras dimensiones de su vida.

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